jueves, 26 de junio de 2014

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¿Mejoras o peoras?
Gustavo Riofrío
Las cosas han cambiado mucho en Lima desde que el Alcalde Bedoya y el Alcalde Belmont buscaron financiar respectivamente el “Zanjón” y el intercambio Javier Prado sobre la base de una “contribución por mejoras”, a pesar que la legislación ya lo permitía. En ambos casos hubo oposición a estas obras públicas, señalando que ellas no aumentarían el valor de la propiedad adyacente. Serían “peoras” y no “mejoras” publicitó La Prensa en época de Bedoya, cuando propuso que la ciudad debería sufragarlas de ese modo. ¿Se imagina el lector cuál sería el valor en un centro financiero de San Isidro o de un Jockey Plaza sin esas vías? Hoy todos están agradecidos por estas obras públicas, en particular quienes vieron cómo el valor de su propiedad aumentó de manera impresionante y habiendo pasado las molestias por su construcción. Pues, la Ley de Tributación Municipal y la nueva ordenanza Nº1790 recién aprobada señalan que para que los vecinos (sea de una calle, un barrio o de toda la ciudad, dependiendo del caso) compartan con la ciudad una parte del aumento del valor de su propiedad debido a esa obra, un estudio previo debe mostrar que ese valor aumentará. Además, la autoridad no está autorizada a cobrar un centavo más del costo de la obra; ni siquiera el gasto de cobranza. Más bien, podría cobrar menos. En otros países es posible cobrarla antes que concluya la obra.
Un estudio detallado de las alcabalas mostró que los 9.5 millones que la Municipalidad gastó en peatonalizar hace poco los jirones Ica y Ucayali han aumentado el valor del suelo del área circundante en 10 veces. Más gente camina por allí que por el mismísimo Jirón de la Unión. En esos jirones ya se han abierto 13 nuevos establecimientos que dan vida al Damero, además de la mejora en los negocios y alquileres existentes. Se llegó a la cifra de 94.5 millones de plus-valor deduciendo de la cuenta el aumento del valor del suelo por el aumento general de ese precio en la ciudad y por los beneficios del Metropolitano. La curva de aumento del valor del suelo se disparó en esos jirones cuando el anuncio de la obra, comparada con el aumento de los valores de suelo en Emancipación, Huancavelica y Callao, sus vías paralelas. Si se le hubiera dicho a los propietarios “compartamos la ganancia de ustedes; contribuyan durante 3 años con el costo de la obra, que sólo les disminuirá en 10% la ganancia generada por nosotros” los más emprendedores hubieran aceptado. Otros hubieran dicho “es un robo”, siguiendo el (nuevo) pensamiento Mariátegui y citando, por supuesto, al caso social de quien seguramente hubiera sido exceptuado del gasto por el estudio preliminar o que hubiera hecho ver su situación cuando la consulta previa de la obra.
Siempre hay muchas empresas y vecinos que quisieran priorizar una obra que les beneficia directamente, estando dispuestos a compartir la ganancia que les generará. Las municipalidades (y no sólo la Municipalidad Metropolitana) se llenan de personas o agrupaciones que las buscan para pedirles que hagan tal o cual mejora sustancial u obra nueva y que estarían dispuestos a contribuir económicamente con ello. Los memoriales para ello y las entrevistas personales con los alcaldes llenan escritorios y agendas. Es momento de ponerse una mano en el pecho y otra en el bolsillo.
¿Imagina el lector si en vez de gastar, por ejemplo, 100,000 soles en una obra por “presupuesto participativo” la municipalidad invirtiera el doble si los vecinos deciden pagar la otra mitad en cómodas cuotas durante tres años? Se duplicaría la inversión y más acciones podrían hacerse en menos tiempo. Todo es cuestión de conversar con los interesados teniendo las cifras del proyecto en la mano, tal como manda la ordenanza.
Si se piensa en grandes obras metropolitanas, la ordenanza en cuestión ofrece otras opciones para la realización de proyectos de gran envergadura que no impliquen que las municipalidades se endeuden o reduzcan sus ingresos por plazos demasiado extensos. Eso es lo que se ve en ciudades como Bogotá o Medellín, ahora de moda. Estamos aún lejos de esto, pero la reciente ordenanza Nº1790 sobre Contribución Especial de Obras Públicas (aprobada por el Concejo Metropolitano con sólo un voto en contra) pone a la institución municipal y a toda la ciudad en la senda de la modernización y el mejoramiento de los ingresos propios, esto es, de la sostenibilidad financiera.
En la radio y TV de estos días oímos que es un “impuesto” (Canal 2; es una contribución) y que será obligatorio para “todas las obras futuras” (noticiario RPP), cuando es un mecanismo adicional a los existentes. Es preciso que la demagogia de las elecciones y el anti-Susana no nos vuelva enemigos de la modernidad, pues Lima no lo merece.

martes, 24 de junio de 2014

Ponencia básica sobre el tema que presenté en el Primer Congreso Peruano de sociología

domingo, 21 de agosto de 2011

El sur (y no sólo Pisco) a 4 años del terremoto

Artículo aparecido en la Noticias SER.pe a propósito del fracaso de la reconstrucción en el sur luego del terremoto del 15 de agosto de 2007

Enviado el 17/08/2011

Gustavo Riofrío
DESCO

El terremoto de Ica de hace cuatro años ocurrió en un espacio con características que hacían prever que la recuperación posterior pintaba para ejemplar en el continente. Pisco, el epicentro, está a dos horas de Lima por carretera asfaltada; la costa de Cañete a Ica atravesaba un auge agroindustrial y pleno empleo; las zonas más afectadas no han sido escenario de conflictos que hayan dejado una huella de incomprensión entre los actores sociales. Hasta las provincias serranas con mayor pobreza (Yauyos, Castrovirreyna y Huaytará) son más accesibles que otras provincias serranas pobres y sufrieron daños que era relativamente sencillo reparar. Con tantos elementos favorables para un proceso ejemplar, ¿Por qué el desastre de la reconstrucción?

Reconstrucción sin sociedad

Desde el primer momento se impuso lo mediático. El entonces presidente García se instaló en el epicentro y despachó con todos los actores sociales, sin atender a ninguna jerarquía. Esta actitud, con la que se quebró la cadena de decisiones locales, marcó la pauta de todo lo que vino después. Siguiendo el modelo colombiano –pero mal entendido por García- la reconstrucción sería obra de “los empresarios privados”. Nadie se planteó el problema de la organización de las poblaciones afectadas, los planes de las autoridades o las expectativas de los poderes locales, que no tuvieron voz o peso real en las decisiones. Sin mecanismos de interlocución reconocibles, a la larga se cebó un conflicto sordo de “todos contra todos” que se acentuó con los problemas de información de los empadronamientos y re-empadronamientos, la promesa incumplida del bono y los incidentes no sancionados de corrupción. Al final del Año Uno, sin ningún logro que exhibir, el retiro de los empresarios fue clara evidencia de la demagogia con la que el gobierno trató a la sociedad afectada.

Reconstrucción sin plan

A pesar de las discusiones que generó el control y la “orientación” de FORSUR, lo cierto es que, desde su creación, no fue otra cosa que un organismo a cargo de un listado de proyectos a ser financiados por el MEF. Quienes han trabajado en la zona, en obras o proyectos privados, públicos o de la cooperación, saben de su escaso peso y su ausencia –más allá de lo formal- en los muy limitados esfuerzos de planificación de nivel local. Desde el inicio, y aún ahora, impresiona la falta de visión con que se enfrentó todo. El modelo FORSUR consistió en agilizar dinero para obras, pero no en planificarlas o evaluarlas. En sesiones de directorio se aprobaban, casi sin discutir, obras locales traídas por cada autoridad. Se “democratizó” un proceso en el que todo el mundo podía lograr financiamiento: de 942 proyectos se han culminado 634. Cerca de 1000 millones de soles para un frenético proceso de consultorías y edificaciones que no han tenido supervisión, menos un horizonte de desarrollo local ni territorial.

Reconstrucción sin vivienda

Aunque resulte obvio, un asunto del que muchos no se percatan, es que la gente perdió sus viviendas, pero no sus lotes de terreno. Las necesidades específicas de las familias con propiedades destruidas tienen que ver más con asistencia legal y un buen crédito supervisado que con edificar una vivienda mínima subsidiada en suelo nuevo, que es el tipo ideal de inversión que buscan las grandes constructoras. Ya en el primer año quedó claro que la reducida posibilidad de invertir en urbanizaciones nuevas le resto atractivo comercial al reto que suponía la reconstrucción.

Y respecto a la vivienda en suelo nuevo, no se consideró en su magnitud real la necesidad de procedimientos de emergencia para obtener terreno seguro para las urbanizaciones por reubicación o las destinadas a satisfacer la demanda “oculta”, originada por los desdoblamientos familiares, fenómeno recurrente luego de desastres en áreas urbanas. Y como sucede en todo el mundo, la falta de una política de suelo ha llevado al aumento del valor de los predios en las áreas de expansión urbana.

El porvenir de la reconstrucción

La reconstrucción no fue concebida por el gobierno saliente como un proceso en que la población y sus autoridades locales participaran. Se hizo pensando en las percepciones y necesidades políticas y empresariales de quienes moran en Lima. La visita de Ollanta Humala a Pisco como primera acción de gobierno, muestra su voluntad de dar un giro a esta historia de fracaso y desconfianza. Luego del gesto, es importante que el Presidente se haga de una “hoja de ruta” con la que enfrentar el complejo escenario que dejaron las promesas incumplidas y que, a la vez, movilice a la región y genere un “modelo” de reconstrucción que más allá de “devolver” lo que había o insistir en metas limitadas –como la integración a circuitos turísticos- se destine a corregir las inequidades que ahora se han agudizado.

Para empezar, se necesita un sistema de asistencia legal para los problemas de propiedad, e incentivos para los procesos de construcción. Sin desatar los nudos legales que limitan la iniciativa de las familias que cuentan con un terreno, el impacto de los programas de vivienda será escaso. Esta asistencia debe ser de escala masiva y no sobre la base de nuevos empadronamientos. En segundo lugar, es necesario reconstruir el tejido económico local, que ya era precario antes del terremoto. El impacto del terremoto en destruir la filigrana de actividades que permiten el ingreso más allá de los salarios mínimos de las empresas, no ha sido siquiera evaluado, cuando ello involucra a la mayoría de las familias en las zonas rurales (de sierra y costa), y no sólo a quienes habitan las ciudades afectadas. Por último, es necesario construir un entorno de gobernabilidad, lo que supone decidir conjuntamente con los gobiernos regionales y locales y apoyarlos técnica y financieramente en sus esfuerzos de ganar autoridad.


viernes, 27 de agosto de 2010

Alan García, Alcalde de Lima


Como desde hace varios años, el Perú Hoy publicado por Desco este mes de julio tiene que ver con la política nacional. Se trata de una coyuntura compleja, puesto que las elecciones municipales preceden a las elecciones nacionales. Por razones obvias, el artículo que he escrito tiene que ver con Lima. Allí se analiza la acción del presidente de la república con el objeto de verificar si tiene o no una propuesta sobre la ciudad.

El libro completo (y las ediciones anteriores) se pueden descargar gratuitamente en la web de desco haciendo clic acá. Mi artículo lo encuentran a continuación, vía mi scribd.
Alan García, Alcalde de Lima (Desco, Perú Hoy, julio 2010)


martes, 27 de julio de 2010

EXPLICACIONES NECESARIAS SOBRE EL VASO DE LECHE

Estoy indignado por la campaña desplegada contra el Programa del Vaso de Leche que no explica sus problemas y, por lo tanto, no ayuda a superarlos. Les pido a todos preocuparse por este asunto. De manera sistemática se afirma una y otra vez que el Vaso de Leche está mal, con el propósito de recortarlo, si no de liquidarlo. El domingo 25 de julio en TV y ayer lunes en la prensa se afirma lo mismo. Creo que las cosas deben ser mejor explicadas. Les pido que lo retrasmitan como opinión. No necesitan estar de acuerdo con ello, pero háganme ese favor.

viernes, 15 de enero de 2010

Reconstruir Haití es NUESTRA tarea

Los latinoamericanos tenemos una deuda con Haití y es buena la hora para pagarla. Fuera de los Estados Unidos de NA, Haití fue el primer pueblo en independizarse y fue el lugar de refugio de las personas libertarias en los momentos de la lucha por la independencia latinoamericana. Es el lugar donde se concibió que los colores amarillo, azul y rojo embellecerán las banderas de la Venezuela, Colombia y Ecuador. Es el lugar donde los independentistas se hacían llamar "incas", como en el mundo andino, y que escogió llamarse "Haití" (tierra alta) usando el idioma taíno, en vez de usar el francés o el castellano para autonombrarse.

Es la cuna de la primera rebelión antiesclavista del planeta que tuvo éxito... pero también es el país que hasta hoy paga el precio de ese atrevimiento y por esa victoria. Con una mano en el pecho debemos reconocer que los que ayer abrieron puertas para nuestra independencia y que lucharon en nombre del Nuevo Mundo (y no de Europa o de África), en nuestros días no son considerados latinoamericanos. Para el pueblo llano de América Latina y el Caribe, Haití tal vez nos pertenezca sólo en el mapa y nada más. Si no fuera por Alejo Carpentier y su extraordinaria "El reino de este mundo"(*), la intelectualidad globalizada y de moda no hubiera hablado de Haiti en los últimos 50 años.

Tenemos los ojos cerrados frente a lo que allí sucede. No hay peor ciego que el que no quiere ver, pues nosotros sabemos perfectamente que es el país con las peores estadísticas de pobreza de todo el Nuevo Mundo. Me atrevería a decir que eso le proporciona a ciertos políticos y planificadores la íntima felicidad de no ser considerados los últimos en ese rubro. Felicidad que no mueve a la solidaridad, pues somos tan ajenos a Haiti como alejados estamos de Mongolia e Irkutsk, en sus antípodas.

Sin embargo Haití pertenece al Nuevo Mundo y ayudó a forjarlo. Hoy ya se habla desembozadamente de crear un protectorado de las Naciones Unidas, puesto que hay que inventar nuevos términos para expresar lo que tanto (in)gobernabilidad como (in)gobernanza no alcanzan a describir. Cuando ese planteamiento sea oficial, seguramente correrán las listas de abajofirmanes protestando por el hecho.

Lo que Haiti necesita de nosotros es más que una "solidaridad" en la emergencia. Nosotros, los latinoamericanos y caribeños tenemos una deuda con ese pueblo hermano y debemos pagarla. Ha llegado el momento.

Sólo latinoamericanos como nosotros podremos entender lo que allí sucede y cómo se puede actuar. Hablando de los problemas del desarollo nosotros sabemos cómo funcionan los presidentes y los parlamentos, cómo funcionan las mafias y los grupos de poder, los narcos y los falsos profetas, los burócratas, los consultores y todolodemás. Sabemos lo que es trabajar en zonas de guerra, en barrios populares y en medio de la amenaza y la inseguridad. Haití es igual que nosotros e idéntico a vastas zonas en cada uno de nuestros países, con la única diferencia que allí acontecen todos los problemas juntos y desde hace tiempo. Pero los latinoamericanos también sabemos por experiencia propia que son las noticias malas las que llegan a los titulares de fuera. También sabemos que en todas las esferas y estratos sociales --absolutamente todas-- hay mujeres y hombres insospechadamente extraordinarios que saben dar de si aún en los momentos menos favorables. En eso tampoco Haití es diferente a nosotros, salvo el hecho que están a punto de perder la esperanza.

La experiencia que tenemos nos dice que luego de un desastre generalmente se reconstruye la miseria cuando es ese el momento --es LA oportunidad-- para que las cosas cambien. La experiencia reciente también nos dice que nosotros tenemos en nuestras cabezas el "chip" de la ayuda humanitaria, pero no tenemos el "chip" de la reconstrucción. Pasada la emergencia muy rápido vendrán las lavadas de manos, las excusas para no hacer mucho (o nada) y el olvido. La experiencia reciente también nos dice que no será dinero el que faltará. Los latinoamericanos sabemos hacer mucho con poco. Ahora tenemos una oportunidad para arreglar cuentas con nuestra historia.

Propongo a quienes trabajamos en los asuntos del desarrollo y la cooperación al desarrollo donemos cerebro, donemos nuestra experiencia y hasta nuestra rabia contenida. Mostremos nuestra solidaridad pensando "fuera del marco" el mejor modo de apoyar con energía y profesionalismo al pueblo de Haití para reconstruir sus ciudades, su economía y su tejido social. En medio de la desgracia, la coyuntura internacional es favorable para movilizar recursos. Los dueños del mundo no saben qué hacer con Haití. La ventana de oportunidad para que nos permitan pensar en la reconstrucción desde el momento de la emergencia se ha abierto.

Escribo esto apresurado, porque es urgente. Entre ustedes están los que entenderar su sentido más allá de la imperfección de la propuesta y que mejorarán el texto con sus acciones.

(*) En la versión original decía "El siglo de las luces". Carla Rodríguez me hizo ver la confusión

miércoles, 6 de enero de 2010

Collique: huaycos y proyectos de vivienda

La política de suelo urbano en el Perú tiene varias particularidades. Entre ellas está la fácil legalización de tierras ocupadas por y para las familias de bajos ingresos, preservando otros terrenos para los industriales de la construcción. Desde los años sesenta, las familias tienen expedito el "derecho" de ocupar terrenos sin valor. El Estado autorizará esa ocupación y se les dará un título de propiedad en algún momento. Antes era el Ministerio respectivo, luego fueron las municipalidades y ahora es COFOPRI la que legaliza las ocupaciones llamadas "informales".

Con el tiempo, sucede que que los terrenos "buenos" para hacer reubicaciones o invasiones han desaparecido, pero se sigue ocupando y legalizando urbanizaciones populares como antes. La diferencia es que ahora se producen numerosas ocupaciones de suelo en terrenos con riesgo de desastre. Hay subterfugios legales que permiten que la autoridad eluda su responsabilidad de autorizar una urbanización en lugares peligrosos.

Si se hablara de reubicar a las familias, la conversación desaparecaría muy rápido de la prensa o de los medios oficiales, puesto que hace más de 20 años que ese tema no se toca y ese asunto no se practica. En junio de 2003 un derrumbe en el distrito de El Agustino afectó directamente a 140 familias, pero amenaza hasta ahora a muchas más. Sin embargo, el millonario proyecto de MIVIVIENDA en lo que fuera un cuartel en ese distrito no es para ellos.

En esta semana ha ocurrido un pequeño desastre en varios distritos populares de Lima. Se ha publicitado el caso de la sétima zona de Collique (distrito de Comas), donde ya en 1971 hubo un huayco muy fuerte, cuando esa urbanización sólo tenía cuatro zonas. Sólo los que han resultado damnificados directos han recibido alguna ayuda de emergencia. Nadie hablará de reubicaciones, puesto que hay un lugar obvio para reubicar a todas esas familias: es el antiguo Aeropuerto de Colllique, donde hay espacio para 15,600 casas y departamentos. No se hablará del asunto ya que --una vez más con el apoyo financiero (y del otro) del Estado-- una empresa edificará allí viviendas para clases medias.

Mientras tanto en la radio escucho un argumento pueril: la gente vive en esos terrenos porque no es consciente del riesgo... Como si el mercado y las políticas públicas les ofrecieran alternativas.

Creo que la mejor salida frente a esta situación es que la Defensa Civil (dentro de la cual se incluye a las municipalidades) determine exactamente el número de familias en situaciones de riesgo en Lima Norte y que se les reubique a los terrenos del ex aeropuerto de Collique.

Pero eso no va a suceder, por razones obvias. Más bien se "cocina" otro proyecto que podría ser (así, en condicional) para las familias de bajos ingresos de Lima Norte. El proyecto se haría entrando por las quebradas al norte y detrás de Trapiche, en el río Chillón, camino a Santa Rosa de Quives y saliendo detrás de la Variante de Pasamayo.


Ver Collique en un mapa más grande